Interculturalismo y derechos.
Sarup, Madam en “Hogar, identidad y educación” alude a los derechos: los derechos del ciudadano son diferentes de los del hombre, y en general el extranjero es excluido del sistema público y de los derechos políticos.
Esto no ocurre en todos los países por igual. Todos tenemos los mismos derechos, pero no la misma historia ( en modo y en tiempo) para llegar a ellos, instaurarlos y mantenerlos. Debido a ello es que, aunque son deseados por sus defensores a modo universal, muchos no los quieren albergar dentro de su cultura. Me refiero a valores como el respeto a la vida, derechos como el de un juicio justo, y así muchos.
A nivel global, la cultura postmoderna, a pesar de definirse como defensora de esos derechos tampoco lo pone fácil, ya que en ella prima lo económico. Como consecuencia de ello no todos tienen acceso a esos derechos, ni en el mismo orden, ni de la misma forma. Hay mecanismos de regulación creados. Se supone que en países con políticas sociales se da lo que se necesita. El problema es cuando no hay para todos. ¿Quién está dispuesto a ceder sus derechos a otro, y más si es a un extraño?
El extranjero lo tiene más difícil o no puede acceder a ellos según países. En nuestro país los obtiene al integrase en la sociedad en la que desea ejercer o disfrutar de esos derechos.
El acceso a lo público en lo sanitario está reconocido a igual que en lo educativo. El problema en nuestro país es la picaresca que hay. Así encontramos con que sobreexplotan el derecho a asistencia sanitaria ( extranjeros de otros países que vienen a que les salga casi gratis el tratamiento) o que mediatizan el servicio educativo (matriculaciones en centros para conseguir permanecer en el país).
El derecho político veo lógico que sea limitado. Creo posible encontrar en él una posible vía de intervención política dentro de un país. No sería raro, ¿acaso no se interviene de manera más directa con mayores costes como son las invasiones?, ¿no hay compra de votos?... El derecho al voto debía ser único en el mundo, un voto una persona. Si alguien quiere votar solo lo puede hacer en el país de origen o el que justifique residir desde hace tiempo, es decir estar integrado o compartir ese contexto.
¿Qué mueve ese deseo por disfrutar de los mismos derechos, el deseo de igualdad o el de vivir bien?
Gimeno Sacristán en “Hacerse cargo de la heterogeneidad” me hace ver que los s. humanos queremos parecernos porque creemos que así tenemos más posibilidades de integrarnos, pero a la vez queremos darnos valor, diferenciarnos. Así nos vamos definiendo, diferenciando con respecto a los otros, o mejor dicho respecto al modelo que representa a los otros.
Pienso que el desaventajado, el débil deseará los menos problemas posibles, las mínimas diferencias, por lo que intentará no distanciarse de la norma. Al contrario le ocurrirá a alguien fuerte dentro del grupo, a alguien que no experimenta fracaso. Este, asegurados sus derechos, deseará otros nuevos, buscará sumar nuevos valores extra que no se exigen, querrá diferenciarse. Así encontraremos diferenciación que no conlleva fracaso y puede que todo lo contrario. El problema es cuando la diferencia se da o la impone alguien no integrado: alguien no aceptado o que no acepta al grupo. En este caso la persona es desplazada más. Todo aquel que desee integrarse o valorarse dentro de un grupo no le queda más remedio que compartir con él. Eso es lo que busca la escuela a través de diferentes vías.
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