“Diversidad y Evaluación en Educación”.
Álvarez Méndez, J.M. (1998).
¿Es funcional la evaluación hoy en día? , es lo que se pregunta Álvarez Mendez, ya que no hay cambios en los problemas y los profesores no la utilizan para cambiar su práctica. ¿Por qué no la aprovechan? Varias respuestas podrían ser estas:
· hay muchos factores sobre los que incidir, no se pueden controlar todos
· la causas de los problemas son ajenas a lo educativo, por lo que el docente y el sistema educativo no puede hacer nada
· los problemas tienen variables externas incontrolables o desconocidas para los educadores
· es imposible erradicar la totalidad del fracaso, siempre habrá un porcentaje, siempre lo ha habido.
¿Es realmente inevitable? Con la cantidad de medios de que se dispone hoy, ¿cómo no bajan las cifras de gente que no llega a acceder a la educación? ¿Se permite el fracaso escolar? ¿Interesa que no todos accedan a la educación para garantizar al estabilidad del actual sistema social y de la distribución de la economía?
Tal como se dice en el texto la función del profesor tiene que cambiar. Su papel como enseñante tan defendido por algunos puede que tenga los días contados, ya que hasta su trabajo está pudiéndose ir mecanizando. Es posible que a partir del s XX empiece a experimentar lo que otros trabajadores ya sufrieron con la incorporación de las máquinas en el trabajo años antes. ¿Qué puede hacer si no quiere ver cómo acaba sin trabajo y puede que si lugar en la sociedad? Adaptarse. Es momento para que asuma el papel de educador y empiece a considerar al alumno no solo en lo escolar y como aprendiz, sino atendiendo a todas sus facetas y orientándole a su desarrollo personal. Algo nuevo en occidente. Es curioso, en el mundo budista se están interesando en la forma que trasmite el conocimiento el mundo occidentalizado ( occidente, Japón,..), ya que reconocen que son los que están impulsando el avance científico. A la vez occidente estamos descubriendo que no podemos avanzar sin atender al desarrollo personal tan característico de el mundo oriental.
En ambos mundos experimentan fracaso en lo educativo. ¿Cuál está peor? Sería interesante comparar los tipos de fracaso y sus cifras entre un país como el Tibet y otro que invirtiese lo mismo en educación pero con mentalidad occidental en la enseñanza. O, si creemos que puede haber influencias políticas, del sistema educativo,...más que del estilo de enseñaza, comparara escuelas que promuevan ese desarrollo de la persona más que el aprendizaje escolar con otras que solo buscan esto. Lo difícil será encontrar de las primeras.
Ver el fallo educativo y su interrelación con factores, con la diversidad ayudará también a la hora de actuar sobre él. Evaluar, ser crítico sobre la práctica propia, ajena, del alumno,... Mendez dice que será la evaluación individual la más positiva para el alumno no privilegiado. Será la que más justicia haga y ayude para una respuesta más precisa y pertinente. Entiendo que ese alumno que él llama no privilegiado es cualquier alumno, sea de la clase social que sea, que por circunstancias no entra dentro de la norma y por tanto es apartado. Será esa evaluación lo más objetiva posible y de diversas formas. Mendez menciona la auto-, coe- y heteroevaluación para una misma persona, integrando todo para mayor conocimiento.
Y, ¿quién marca la norma?, ¿con qué criterios?¿es útil?. Los problemas de límites parece que siempre traen problemas: alguien que los cuestiona, son un problema cuando son rígidos; pero son necesarios para poder explicar o manejar el mundo. En lo humano su determinación parece más complicada, creo que debido a lo subjetivo, lo evolutivo y el libre albedrío entre posiblemente más cosas. ¿Qué pasa en lo educativo respecto a esos límites?
Tengo la impresión de que constantemente se están negociando límites de forma más o menos evidente. Parece que así regimos parte de nuestro comportamiento y es así como el niño o cualquier otra persona entra en la sociedad. La adaptación supone conocerlos y puede que valerse de ellos (dando un paso más), pero puede que sean distintos según personas, épocas o culturas.
¿Qué hacer ante esas diferencias? El autor propone el respeto, sin él no puede haber negociación, acuerdo. Pero, ¿qué pasa si este no se da?, ¿ qué hacer con aquellos que suponen un daño?. Este problema se ha dado siempre, el respeto se puede dar hacia el otro, pero otra cosa es que se acepte para sí o para otra persona. Es aquí donde la educación debe actuar y en especial sobre los referentes a los valores universales y los derechos humanos.
Los resultados de las evaluaciones deberían ser por ello útiles, atendiendo a la persona y su diversidad. Deberían orientarse hacia el servicio al alumno y no como catalogadores de la persona. Mendez rechaza este uso credencialista, en al línea de la sociedad academicista actual y que lleva a valorar a las personas de forma mercantilista, incluso perdiendo respeto por ellas, con lo que se puede dañar al alumno en ese proceso evaluador en vez de ayudarle.